31 de marzo de 2016

El mejor té en el País de las Maravillas está en Madrid

Algo me ocurre cuando conozco y descubro un lugar nuevo y chulo en Madrid. Al salir siento un no sé qué, que podría traducirse a: “Mmmm ¡qué guay, qué sitio!” mientras me sonrío. Me renuevo de repente y no tengo muy claro donde se produce ese cambio. En alguna parte de mi hay un clic que ha hecho que algo se modifique, mi estado de ánimo se activa, mi energía se agiliza y mis pensamientos son más positivos.

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Esto me ocurrió la primera vez que entré a tomarme un té a Un té con Alicia, calle Tutor, 31. Fue casualidad, ya que iba a mi clase de inglés a las cinco y, muerta de sueño para despejarme, entre a tomarme algo diez minutos antes de empezar. Tuve la suerte de probar el té del día, a un euro, Memorias de una Geisha. Me sorprendió este té blanco, que con un aroma a fresa me elevó hasta los cielos. No sé si en otra vida estuve cerca de alguna geisha -), pero os aseguro que me transportó a algún lugar placentero y conocido: mis tardes de adolescente en Inglaterra, mi primer té verde tomado en Bali, etc. Me llevé una bolsita a granel para mi casa y, cuando quiero darme un gustazo, me lo preparo.

La persona que esta detrás de este lugar mágico es Alicia Ocha, lo de Alicia por el amor que tiene al personaje del famoso libro de “Alicia en el País de las Maravillas” y Ocha porque es té en japonés. Esta mujer emprendedora ha ido dando los pasos adecuados para llegar actualmente a liderar el mundo de los tés en Madrid. Ella me transmite dulzura y carisma, sabe vender bien su producto porque tiene claro que lo que está ofreciendo es muy exclusivo y lo hace de una manera tan muy natural que ni te enteras. La pasión por el té le viene de hace quince años cuando desarrolló una intolerancia a la lactosa. Comienza en el 2012 con el proyecto integral www.speakandtea.com de asesoría sobre té y, como dice ella: ”…pero el té resultó ser mucho más”. En el 2014 arranca junto con otros socios La Escuela Española del Té, primera escuela con certificación propia. Y ya con todo bien cocinado, sin arriesgar de más porque ha sabido tener calma y esperar el momento, abre las puertas de la tetería en marzo del 2015.

Cuando entras allí parece el cuento de Alicia, hay una “madriguera” (zona diáfana donde organiza tea session, catas de tés de alta gama o blends –mezclas de tés que hace ella misma–, maridajes literarios, relacionar un tipo de té con una selección de libros o autores­, o talleres a medida). Además en el centro están las mesas camilla donde te puedes deleitar toda la tarde con tranquilidad, pegado a esta lugar un rincón con casita de muñecas, muy berlinés, para que los niños estén jugando independientes –teóricamente mientras sus madres, si, sus madres porque mayoritariamente son ellas las que disfrutan de este lugar– y por último una zona de tresillo con libros, por si ese día te echan de casa J. Todo esto rodeado de juegos de vajilla preciosos con un diseño inglés campestre: clásico, elegante y acogedor, y de teteras japonesas de distintos materiales y formas. Se respira muy buen gusto y talento para colocar cada objeto en el lugar adecuado.

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Me ha costado bastante seleccionar lo que contar aquí porque existe tanta energía y actividad en ese paraíso del té que siempre tenía la duda de que dejaba algo importante sin contar. Lo mejor que puedo hacer es recomendaros que os paseéis por allí en algún momento. Admiro profundamente cómo Alicia desarrolla una vocación en un momento determinado de su vida y es capaz sobre todo de identificarlo y dejarse llevar por ello. Hacerlo bien, con paciencia, la misma que significa preparar un té: “el camino del té no es más que esto: calentar agua, preparar el té y beberlo”.


Artículo original de La Observadora Halaga.

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